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Informe Mensual Económico Financiero N° 338 – Abril de 2018

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SÍNTESIS EJECUTIVA

En un contexto prolongado de crecimiento de la economía y del comercio mundial

(4,5% anual en 2017) las medidas proteccionistas en Estados Unidos hacen

realidad la retórica electoral. El proteccionismo no es positivo ni para la mayoría del

país que lo aplica (excepción de los sectores protegidos) que verá aumentar los

costos internos, ni para el comercio en general. Además, implica pasar de un orden

comercial basado en las reglas de la OMC a la discrecionalidad, elevando la

imprevisibilidad y la incertidumbre.

En particular, el riesgo de retaliación por parte de China, país poseedor de 1,17

millones de millones de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos (8% de la

deuda pública de Estados Unidos), potencia los peligros de propagación de la

retaliación al campo financiero, con riesgo para los países que demandan

financiamiento para sus déficits fiscales y/o de Cuenta Corriente del Balance de

Pagos, como la Argentina.

El G20 ha sido exitoso como “bombero” ante crisis de diversa índole, pese a no

tener empoderamiento concreto. El saldo de la reunión de Ministros de Finanzas

realizada en Buenos Aires fue positivo en términos del énfasis en la relevancia de

la libertad de comercio (a contramano de las medidas de Estados Unidos), los

movimientos de capitales y transferencias de tecnología.

El stock de deuda pública contraída por los países emergentes duplica en 2018 el

nivel de 2011; para 2018 se estima una emisión bruta de 153,0 miles de millones

de dólares, equivalente al 15% del stock y algo menos de lo colocado en 2017.

La Argentina tiene una alta participación en los rankings de deuda emergente

colocada vía bonos soberanos y en las emisiones realizadas en los últimos cinco

años (primero y tercer lugar, respectivamente). Ello es un factor de riesgo en caso

de un potencial

sudden stop

en los flujos de capital.

La deuda pública de la Argentina a fin de 2017 según el FMI es de 54% del PIB; y

se divide 26% correspondiente a deuda con no residentes (deuda pública externa)

y 28% que corresponde a deuda con residentes (deuda pública interna). Esta

composición contradice el principio de que la deuda con no residentes debe ser

complementaria de la deuda tomada en el mercado doméstico, lo que es atribuible

a la escasa profundidad de este último y a la baja tasa de ahorro nacional. Como

es un importante factor de vulnerabilidad, el gobierno ha decidido retirarse del

mercado internacional y priorizar la colocación directa en bancos locales y el uso

de Letes.